.........................................Enseñanza de Danzas Orientales para la Integración Social..........................................
   
  EDOIS
  Pequeño rincón de cultura
 

 

PROVERBIO ARABE


Castiga a los que tienen envida haciéndoles el bien

 
 
 

CUENTO ARABE

Amigos [Cuento. Texto completo] Anónimo árabe.

Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: "Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro". Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: "Hoy mi mejor amigo me salvó la vida".Intrigado, el amigo preguntó: -¿Por qué, después que te lastimé, escribiste en la arena, y ahora escribes en una piedra?Sonriendo, el otro amigo respondió:-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

CITAS

"El Alma del filósofo vive en su cabeza, el alma del poeta en su corazón,el alma del cantor vibra en su garganta,pero en cambio, el alma de la bailarina vive en todo su cuerpo".

Khalil el Gibran

AL-MUTAMID EL REY POETA DE SEVILLA

Promotor de la cultura, dicen las crónicas que había en la Sevilla de la época Abbadí­ escuela universitaria y escuelas de juristas, y que el pueblo era bilingüe y se aceptaba tanto el romance como el árabe, hubo intensos estudios musicales.
Las manufacturas de algodón, que se exportaban a Oriente, alcanzaron gran fama.

En el arte culinario destacaron las confituras vegetales, como el al-mibar, (el dulce).
Y se reconstruyeron castillos, como el de Alcalá de Guadaira, o el Alcázar de Sevilla; y mezquitas, como la actual iglesia de San Andrés.
La poesía fue una constante en el reinado de Al-Mutamid, el cual escribió sus mejores poesías desde la cárcel.
Esta poesía citada a continuación está dedicada a las cadenas que le mantenían cautivo:

“Se enroscan en mi pierna como una víbora;
Me muerden con dentelladas de león.
¡Mira, aunque tus grilletes estuviesen cubiertos de pelo,
mis palmas y mis muñecas arderían!
Yo era aquel que con su riqueza o con su espada
llevaba a los hombres al Paraíso o al Averno.
O aquellas que nos hablan de la añoranza de la patria perdida:
¡Dios decrete en Sevilla la muerte mía,
y allí se abran nuestras tumbas en la Resurrección!”


El rey que se jugó su reino a una partida de ajedrez, el que fabricó con costosos perfumes barro para que su amada jugase, el que lloró la muerte de sus hijos, el que recordó con placer:
¡Oh aliento del jardín, cuando
le agita la brisa de la aurora!
Aquel que conquistaba ciudades y les cantaba como si fuesen hermosas mujeres, el que amó como ninguno; el generoso y lúdico Al-Mutamid, leyenda del mundo árabe que fue en España tolerante y culto y que nos dejó la hermosa herencia que forma parte de la idiosincrasia de un pueblo abierto, hospitalario y culto, el pueblo andaluz, se abismó en la muerte. La posteridad ha olvidado la huella de uno de los más dignos próceres de la ciudad de Sevilla, de Andalucí­a y de la historia de España.

Alicia Rodrí­guez Berenguer

 
 
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